PORTLAND, jueves 17 de febrero de 2011 (ZENIT.org) Los pequeños Violet y Kieran son un par de mellizos que hoy tienen 15 meses. Nacieron con cinco días de diferencia. Con el mismo material genético pero gestados en vientres diferentes.
Como el caso es tan extraño, no hay palabras para llamarlo. Por ello se ha acuñado el término twiblings, una combinación de las palabras twin (mellizos) y sibling (hermano). La historia de estos hermanos fue difundida recientemente en la revista dominical del periódico The New York Times.
Melanie Thernstrom contrajo matrimonio a los 41 años con Michael Callahan, cinco años menor que ella, en la ciudad de Portland (Oregón, Estados Unidos), luego de haberse graduado en Harvard y haber tenido una carrera exitosa.
Pese a su avanzada edad no quería dejar de vivir la experiencia de ser madre. Intentó concebir de manera natural pero no pudo. Luego trató por seis veces de hacerse una fertilización in vitro, pero los embriones morían prematuramente.
El tema de la adopción lo descartó porque este procedimiento resulta cada vez más complicado en las mujeres mayores de 40 años: “cuando los padres Michael adoptaron a su hermana en 1970 había abundancia de bebés en Estados Unidos que necesitaban familias, pero el uso generalizado de métodos anticonceptivos, el aborto entre otros factores, han causado una baja de la oferta para los niños en adopción”, dice Melaine en el artículo de The New York Times.
Fue así como decidió buscar una donante de óvulos. Insistían en tener mellizos pero sabían que el 60 % de ellos nacen de forma prematura y con riesgo de contraer más enfermedades. Por eso pensaron en tener dos hijos con dos años de diferencia pero al ver en la edad avanzada de Melanie para criarlos, concluyeron que lo mejor sería alquilar dos vientres para embarazar a las mujeres de manera simultánea con los óvulos de la donante y el esperma del Michael.
Sobre el tema ZENIT consultó con el médico ginecólogo español Esteban Rodíguez Martín, portavoz de la asociación Ginecólogos por el derecho a vivir, quien asegura que estos procedimientos: “forman parte de las consecuencias de la ideología de género que se asumen como dogmas de fe de un progreso laicista”.
“En estos casos todos”, prosiguió Rodíguez, “los agentes implicados buscan lo mismo; los técnicos encuentran el placer al satisfacer su deseo de reconocimiento y de negocio; los arredandores obtienen el placer con la excusa de un falso altruismo por el que serán pagados y; los arrendatarios obtiene el placer al satisfacer su deseo de descendencia creyendo que están contribuyendo a un progreso del que son pioneros que redundará en un bien social gracias a lo que ellos creen que es un sacrifico”.
Esteban insistió en que los únicos sacrificados son “los seres humanos inocentes que han sido fabricados, seleccionados y manipulados comprados y vendidos, en función del interés de los que tienen el poder para utilizarlos como medio de satisfacer el instinto animal de placer-deseo”.
“Donante” y “arrendatarias”
Melanie Thernstrom y Michael encontraron a las implicadas en este procedimiento: la donante de los óvulos, (se le llama donante, aunque con el dinero que recibió compró un coche último modelo), una recién egresada residente en Califorina y, por medio de una agencia y una entrevista, a dos mujeres jóvenes que alquilaran sus vientres para gestar a las nuevas criaturas.
Y fue así como eligió a Melissa Fowler, una enfermera entonces de 30 años, casada y con dos hijos y a Fie McWilliams, de 34, también casada y con tres niños. Sus respectivos esposos aprobaron el procedimiento y ellas les explicaron a sus pequeños hijos que el bebé que esperarían deberían entregarlo a otra familia una vez naciera. Melanie siguió de cerca los embarazos y les hizo algunas recomendaciones. Al nacer los niños, las arrendatarias se comprometieron a amamantarlos con su leche.
A diferencia de muchas parejas que prefieren romper el vínculo con las mujeres que alquilan los vientres o donan los óvulos, ellos han querido conservar el lazo con todas las que han intervenido en el nacimiento de Violet y Kieran "Solo así es posible desmitificar el tema", dicen los esposos.
Esta decisión ha desatado una gran polémica por los lazos afectivos y la crisis de identidad que puede generar en los niños el llevar el material genético de una mujer, el haber sido gestado por otras dos y pero el haber sido ideados por una más, quien dice ser su madre y quien es la encargada de su crianza.
Un hecho que según el doctor Rodíguez, anula la “especificidad y la individualidad” del ser humano, quien se diferencia de otro ser vivo “por una cualidad propia, exclusiva e inmaterial, y por tanto no genómica, que lo dota de capacidad racional, moral y espiritual, hasta Sócrates sabia esto”, afirma.
Melanie cree que en la medida en que la tendencia se vuelva común los interrogantes se irán resolviendo. E insiste, en el artículo "En 20 años nadie va a decir que tuvo una hija gracias a una donación de óvulos. El escándalo ahora es porque la situación es novedosa".
Sobre el tema, la instrucción Dignitas Personae asegura que la Iglesia “considera que es éticamente inaceptable la disociación de la procreación del contexto integralmente personal del acto conyugal”, debido a que la procreación humana “es un acto personal de la pareja hombre-mujer, que no admite ningún tipo de delegación sustitutiva”.
La fecundación in vitro trae un gran número de pérdidas de embriones “además de no estar en conformidad con el respeto debido a la procreación, que no se reduce a la dimensión reproductiva– contribuye a debilitar la conciencia del respeto que se le debe a cada ser humano”.
La Dignitas Personae insiste en la legitimidad del deseo de la pareja de tener un hijo y comprende los sufrimientos que trae el problema de la infertilidad, pero señala en que este deseo “no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana, hasta el punto de someterla a un dominio absoluto” y enfatiza en que “el deseo de un hijo no puede justificar la “producción” del mismo, así como el deseo de no tener un hijo ya concebido no puede justificar su abandono o destrucción”.
Por Carmen Elena Villa
Compartir con mis alumnos documentos para analizar, ideas e inquietudes que les puedan servir para ampliar su reflexión sobre temas filosóficos y sociales.
domingo, 20 de febrero de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011
El SIDA y el preservativo (parte II)
Por Michel Schooyans*
ROMA, miércoles 2 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación la segunda parte del artículo “El SIDA y el preservativo”. La primera parte fue publicada el lunes 31 de enero.
* * *
Un problema de moral cristiana
Además, es engañoso afirmar que la Iglesia no tenga una doctrina oficial sobre el problema del SIDA y el preservativo. Aunque el Papa evita llamarlo por su nombre, los problemas morales ocasionados por el uso del condón son abordados en todas las enseñanzas relacionadas con las relaciones conyugales y la finalidad del matrimonio.
Cuando se considera el SIDA y el condón a la luz de la moral cristiana es importante tener en mente algunos puntos esenciales: el acto carnal debería tener lugar en el matrimonio monógamo entre un hombre y una mujer; la fidelidad conyugal es el mejor remedio contra las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA; la unión conyugal debería estar abierta a la vida, a lo que se debe añadir el respeto a la vida de los demás.
¿Esposos o compañeros?
Se deduce que la Iglesia no predica una moral sexual a los “compañeros”. En vez de esto propone una moral conyugal y familiar. Se dirige a los “esposos”, parejas unidas sacramentalmente en una matrimonio monógamo y heterosexual. Sin embargo las consideraciones de los dignatarios van dirigidas a los “compañeros”, que tienen relaciones pre o extramatrimoniales, intermitentes o persistentes, heterosexuales, homosexuales, lésbicas...No se entiende porque la Iglesia, y mucho menos los titulares del Magisterio, deban -arriesgando el escándalo- socorrer a los que practican el vagabundeo sexual y sentirse responsables del pecado de quien, en muchos casos, no se interesa lo más mínimo, ni en la teoría ni en la práctica, de la moral cristiana.
“¡Pecad hermanos, pero con seguridad!” ¡Después del “sexo seguro”, tenemos ahora el “pecado seguro”!
La Iglesia y sus dignatarios, no tienen derecho a explicar como pecar cómodamente. Abusaría de su autoridad si diera consejos para llegar al divorcio, ya que la Iglesia considera el divorcio como un mal. Sería como confirmar al pecador en su pecado, mostrándole como seguir hacia adelante evitando las consecuencias no deseadas.
Por ello la consiguiente pregunta: ¿Es admisible que los dignatarios, que deberían ser custodios de la doctrina, oscurezcan la exigencia de la moral natural y de la moral evangélica, y no hagan un llamamiento a la conversión de los comportamientos?
Es inadmisible e irresponsable que los dignatarios den su aval a la idea del “sexo seguro”, usada para legitimar a los que usan el condón, cuando es notorio que esta expresión es una mentira y que lleva a la ruina. Estos ilustres dignatarios deberían, por tanto, preguntarse si están sólo incitando a las personas a burlarse del sexto mandamiento de Dios, aunque también se mofan del quinto “No matarás”. La sensación falsa de seguridad ofrecida por el condón, antes que reducir el riesgo de contagio, lo aumenta. La acusación de no respetar el quinto mandamiento se vuelve contra los “compañeros” que no usan el condón.
El argumento usado para “justificar” el uso del “profiláctico” del condón se reduce a nada, en relación a la moral natural y a la cristiana.
Sería más simple decir que, si los “esposos” se amasen de verdad, y si uno de ellos enfermase de cólera, peste o tuberculosis, deberían abstenerse de tener relaciones para evitar el contagio.
Objetivo: reinventar la doctrina
Un error de método
Al principio de este análisis hemos indicado que los dignatarios favorables al condón a menudo relacionan su arenga defensiva con causas distintas a la de los “compañeros” sexuales a largo plazo y organizados. De hecho, se utiliza este argumento para discutir toda la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana, sobre el matrimonio, la familia, la sociedad y la Iglesia misma.
Esto explica en parte la casi total carencia de interés de estos dignatarios en las conclusiones científicas y en las ideas fundamentales de la moral natural. Y son justo estas conclusiones y las ideas básicas lo que estos dignatarios deberían tener en cuenta en sus opiniones sobre la moral cristiana.
A causa de este error de método -sea voluntario o no- los dignatarios abren el camino a un cambio de la moral cristiana. Pretenden dar la vuelta al dogma cristiano, en cuanto que se reservan el derecho, en sus opiniones, a hacer un llamamiento a la institución de la Iglesia para una reforma que avale su moral y su dogma. Así pretenden participar, a su nivel, en esta nueva revolución cultural.
A pesar de que estos dignatarios han cometido, desde el principio, un error metodológico, hacen caso omiso a estas ideas fundamentales y básicas del problema, caminando inevitablemente sobre un terreno resbaloso. Si se parte de premisas erróneas, sólo se puede llegar a conclusiones erradas. Es fácil ver hacia donde estas ideas están llevando a los dignatarios. Su forma de pensar se puede resumir en tres sofismas, que pueden ser desmontados por cualquier colegial.
Tres sofismas
El primero:
Mayor: no usar el condón favorece la difusión del SIDA
Menor:favorecer esta difusión es favorecer la muerte.
Conclusión: No usar el condón significa favorecer la muerte.
Este razonamiento tortuoso se basa en la idea de que protegerse significa ponerse un preservativo. Los compañeros pueden ser múltiples. La fidelidad no es tomada en consideración. El impulso sexual está considerado como algo irresistible y la fidelidad conyugal como algo imposible. El único modo de no contraer el SIDA es el de usar condón.
Segundo sofisma:
Mayor: El condón es la única protección contra el SIDA
Menor: La Iglesia es contraria al condón
Conclusión: Por tanto la Iglesia favorece el SIDA
Este pseudo silogismo se basa en la equivocada afirmación de la premisa mayor, que el condón es la única protección posible contra el SIDA. Se da por descontada la afirmación que se quiere demostrar; estamos en presencia de una petitio principii : un razonamiento falaz, en el cual las premisas se presentan como algo indiscutible y de las que se deducen las conclusiones lógicas. Se asume como verdadero lo que se quiere demostrar, es decir que el condón constituye la única protección contra el SIDA.
Tercer sofisma:
Finalmente un ejemplo de pseudo silogismo, uno sofisticado del cual deberían darse cuenta los dignatarios.
Mayor: La Iglesia es contraria al condón
Menor: El condón previene embarazos no deseados
Conclusión/Premisa mayor: La Iglesia está a favor de los embarazos no deseados.
Premisa menor: los embarazos no deseados llevan al aborto.
Conclusión final. La Iglesia está a favor del aborto.
En definitiva, el renacimiento de la moral y eclesiología cristiana no puede esperar nada de la malvada explotación de los enfermos y de sus muertes.
------------
*Monseñor Michel Schooyans, filósofo y teólogo, es miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Pontificia para la Vida, consultor del Consejo Pontificio para la Familia y miembro de la Academia Mexicana de Bioética. Tras haber enseñado durante diez años en la Universidad Católica de San Pablo, en Brasil, se retiró como profesor de Filosofía Política y Ética de los problemas demográficos en la Universidad católica de Lovaina, en Bélgica. Es autor de alrededor de treinta libros.
http://www.zenit.org/article-38117?l=spanish
ROMA, miércoles 2 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación la segunda parte del artículo “El SIDA y el preservativo”. La primera parte fue publicada el lunes 31 de enero.
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Un problema de moral cristiana
Además, es engañoso afirmar que la Iglesia no tenga una doctrina oficial sobre el problema del SIDA y el preservativo. Aunque el Papa evita llamarlo por su nombre, los problemas morales ocasionados por el uso del condón son abordados en todas las enseñanzas relacionadas con las relaciones conyugales y la finalidad del matrimonio.
Cuando se considera el SIDA y el condón a la luz de la moral cristiana es importante tener en mente algunos puntos esenciales: el acto carnal debería tener lugar en el matrimonio monógamo entre un hombre y una mujer; la fidelidad conyugal es el mejor remedio contra las enfermedades de transmisión sexual como el SIDA; la unión conyugal debería estar abierta a la vida, a lo que se debe añadir el respeto a la vida de los demás.
¿Esposos o compañeros?
Se deduce que la Iglesia no predica una moral sexual a los “compañeros”. En vez de esto propone una moral conyugal y familiar. Se dirige a los “esposos”, parejas unidas sacramentalmente en una matrimonio monógamo y heterosexual. Sin embargo las consideraciones de los dignatarios van dirigidas a los “compañeros”, que tienen relaciones pre o extramatrimoniales, intermitentes o persistentes, heterosexuales, homosexuales, lésbicas...No se entiende porque la Iglesia, y mucho menos los titulares del Magisterio, deban -arriesgando el escándalo- socorrer a los que practican el vagabundeo sexual y sentirse responsables del pecado de quien, en muchos casos, no se interesa lo más mínimo, ni en la teoría ni en la práctica, de la moral cristiana.
“¡Pecad hermanos, pero con seguridad!” ¡Después del “sexo seguro”, tenemos ahora el “pecado seguro”!
La Iglesia y sus dignatarios, no tienen derecho a explicar como pecar cómodamente. Abusaría de su autoridad si diera consejos para llegar al divorcio, ya que la Iglesia considera el divorcio como un mal. Sería como confirmar al pecador en su pecado, mostrándole como seguir hacia adelante evitando las consecuencias no deseadas.
Por ello la consiguiente pregunta: ¿Es admisible que los dignatarios, que deberían ser custodios de la doctrina, oscurezcan la exigencia de la moral natural y de la moral evangélica, y no hagan un llamamiento a la conversión de los comportamientos?
Es inadmisible e irresponsable que los dignatarios den su aval a la idea del “sexo seguro”, usada para legitimar a los que usan el condón, cuando es notorio que esta expresión es una mentira y que lleva a la ruina. Estos ilustres dignatarios deberían, por tanto, preguntarse si están sólo incitando a las personas a burlarse del sexto mandamiento de Dios, aunque también se mofan del quinto “No matarás”. La sensación falsa de seguridad ofrecida por el condón, antes que reducir el riesgo de contagio, lo aumenta. La acusación de no respetar el quinto mandamiento se vuelve contra los “compañeros” que no usan el condón.
El argumento usado para “justificar” el uso del “profiláctico” del condón se reduce a nada, en relación a la moral natural y a la cristiana.
Sería más simple decir que, si los “esposos” se amasen de verdad, y si uno de ellos enfermase de cólera, peste o tuberculosis, deberían abstenerse de tener relaciones para evitar el contagio.
Objetivo: reinventar la doctrina
Un error de método
Al principio de este análisis hemos indicado que los dignatarios favorables al condón a menudo relacionan su arenga defensiva con causas distintas a la de los “compañeros” sexuales a largo plazo y organizados. De hecho, se utiliza este argumento para discutir toda la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana, sobre el matrimonio, la familia, la sociedad y la Iglesia misma.
Esto explica en parte la casi total carencia de interés de estos dignatarios en las conclusiones científicas y en las ideas fundamentales de la moral natural. Y son justo estas conclusiones y las ideas básicas lo que estos dignatarios deberían tener en cuenta en sus opiniones sobre la moral cristiana.
A causa de este error de método -sea voluntario o no- los dignatarios abren el camino a un cambio de la moral cristiana. Pretenden dar la vuelta al dogma cristiano, en cuanto que se reservan el derecho, en sus opiniones, a hacer un llamamiento a la institución de la Iglesia para una reforma que avale su moral y su dogma. Así pretenden participar, a su nivel, en esta nueva revolución cultural.
A pesar de que estos dignatarios han cometido, desde el principio, un error metodológico, hacen caso omiso a estas ideas fundamentales y básicas del problema, caminando inevitablemente sobre un terreno resbaloso. Si se parte de premisas erróneas, sólo se puede llegar a conclusiones erradas. Es fácil ver hacia donde estas ideas están llevando a los dignatarios. Su forma de pensar se puede resumir en tres sofismas, que pueden ser desmontados por cualquier colegial.
Tres sofismas
El primero:
Mayor: no usar el condón favorece la difusión del SIDA
Menor:favorecer esta difusión es favorecer la muerte.
Conclusión: No usar el condón significa favorecer la muerte.
Este razonamiento tortuoso se basa en la idea de que protegerse significa ponerse un preservativo. Los compañeros pueden ser múltiples. La fidelidad no es tomada en consideración. El impulso sexual está considerado como algo irresistible y la fidelidad conyugal como algo imposible. El único modo de no contraer el SIDA es el de usar condón.
Segundo sofisma:
Mayor: El condón es la única protección contra el SIDA
Menor: La Iglesia es contraria al condón
Conclusión: Por tanto la Iglesia favorece el SIDA
Este pseudo silogismo se basa en la equivocada afirmación de la premisa mayor, que el condón es la única protección posible contra el SIDA. Se da por descontada la afirmación que se quiere demostrar; estamos en presencia de una petitio principii : un razonamiento falaz, en el cual las premisas se presentan como algo indiscutible y de las que se deducen las conclusiones lógicas. Se asume como verdadero lo que se quiere demostrar, es decir que el condón constituye la única protección contra el SIDA.
Tercer sofisma:
Finalmente un ejemplo de pseudo silogismo, uno sofisticado del cual deberían darse cuenta los dignatarios.
Mayor: La Iglesia es contraria al condón
Menor: El condón previene embarazos no deseados
Conclusión/Premisa mayor: La Iglesia está a favor de los embarazos no deseados.
Premisa menor: los embarazos no deseados llevan al aborto.
Conclusión final. La Iglesia está a favor del aborto.
En definitiva, el renacimiento de la moral y eclesiología cristiana no puede esperar nada de la malvada explotación de los enfermos y de sus muertes.
------------
*Monseñor Michel Schooyans, filósofo y teólogo, es miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Pontificia para la Vida, consultor del Consejo Pontificio para la Familia y miembro de la Academia Mexicana de Bioética. Tras haber enseñado durante diez años en la Universidad Católica de San Pablo, en Brasil, se retiró como profesor de Filosofía Política y Ética de los problemas demográficos en la Universidad católica de Lovaina, en Bélgica. Es autor de alrededor de treinta libros.
http://www.zenit.org/article-38117?l=spanish
El SIDA y el preservativo (parte I)
Por monseñor Michel Schooyans*ROMA, lunes 31 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Es cierto que muchas personas han sido contagiadas del SIDA sin tener la más mínima responsabilidad por ello, a través de transfusiones de sangre, errores médicos o contactos accidentales. También el personal sanitario arriesga el contagio, cuando cuida a personas seropositivas.
No vamos a tratar estos casos en esta ocasión. En vez de eso analizaremos las declaraciones realizadas por diversas personalidades de gran relevancia en el mundo académico y eclesiástico, sobre todo moralistas y pastores. Los llamaremos dignatarios, evitando citar nombres para no personalizar el debate y para focalizar la atención en la argumentación moral. [1]
Desorden y confusión
Ya que estas declaraciones se refieren al uso del preservativo como medio para no contraer el SIDA, a menudo producen una profunda confusión en la opinión pública y en la Iglesia. Estas declaraciones se acompañan frecuentemente de sorprendentes comentarios sobre la persona del Papa y sobre sus funciones, así como sobre la autoridad de la Iglesia. En este contexto también se producen las habituales quejas sobre la moral sexual, el celibato, la homosexualidad, la ordenación de las mujeres, la Comunión para los divorciados y los abortistas etc.. Son una ocasión para aprovechar y dar así resonancia global a estos temas.
Estos dignatarios se manifiestan, muy satisfechos, a través de los medios de comunicación social. Se declaran favorables al uso del condón para evitar el riesgo de contagio del SIDA. Según ellos la Iglesia debería cambiar su postura en este tema.
Estas declaraciones crean gran confusión en la mente de la gente. Confunden a los fieles, dividen a los sacerdotes, indisponen al episcopado, desacreditan al colegio cardenalicio, dañan al Magisterio de la Iglesia y acusan directamente al Santo Padre. Otros dignatarios, en estos momentos retirados o difuntos, condujeron en su momento este tipo de movimiento. Hoy, estas observaciones provocan a menudo la consternación, porque la gente espera mayor prudencia y rigor moral, teológico y de comportamiento de estos dignatarios que- influenciados por ideas de moda en ciertos ambientes- hacen de todo para “justificar” el uso del preservativo usando los habituales trucos del “daño menor” o del “doble efecto” como si fueran los vendedores.
Uno de estos dignatarios llegó al punto de considerar el uso del condón como una obligación moral basándose en el quinto mandamiento. En este sentido se dice que si la persona infectada por el virus se niega a practicar la abstinencia, deberá proteger a su pareja y que el único modo de hacerlo, en este caso, es a través del preservativo.
Este tipo de observaciones son suficientes para dejar a la gente perpleja y revelan un conocimiento incompleto y tendencioso de la moral más natural y en particular de la moral cristiana. El modo de presentar las cosas es cuanto menos sorprendente.
Un problema de moral natural
Algunas consideraciones tranquilizadoras pero falsas
Los argumentos de estos dignatarios, con respecto al uso del condón, son sorprendentemente superficiales. Estas personas deberían basarse en estudios científicos y clínicos serios, evitando recuperar y dar crédito a bulos que hace tiempo que fueron refutados en cualquier revista de consumidores.
¿Cómo se puede no haber constatado que el efecto de contención del condón es en realidad bastante ilusorio? Es así en cuanto a que el preservativo es mecánicamente frágil, y que anima y incrementa el número de las parejas y la variedad de las experiencias sexuales. Por estos motivos se aumentan los riegos en vez de reducirlos.
La única forma eficaz de prevención resulta ser la de la fidelidad y la de la renuncia a los comportamientos de riesgo.
Desde este punto de vista, la calificación moral del uso del preservativo es un problema de honestidad científica y de moral natural. La Iglesia no sólo tiene el derecho, sino que también tiene el deber de pronunciarse sobre este tema.
Ineficacia que tiene como consecuencia la muerte
Las declaraciones de estos dignatarios no citan recientes estudios de innegable valor científico, como el del doctor Jacques Suaudeau[2]. Si ignorasen estos recientes estudios, podrían tener en cuenta, al menos aquellos previos, emitidos por las más altas autoridades científicas. Por ejemplo en 1996, se leía en un informe del profesor Henri Lestradet, de la Academia Nacional de Medicina (París) [3]:
“Es oportuno […] subrayar que el condón está considerado como un medio de anticoncepción. Sin embargo […] la tasa de fracaso está colocada generalmente entre el 5% y el 12% por pareja, y por año de uso”.
“A priori […] con el virus de VIH que es 500 veces más pequeño que el esperma, es difícil pensar en una tasa de fracaso inferior. En todo caso hay una enorme diferencia entre estas dos situaciones. Si el condón no es totalmente eficaz como medio anticonceptivo, la consecuencia de este fracaso es el desarrollo de la vida, mientras que en el caso de contagio del VIH es la muerte en todos los casos”. [4]
Después considerando el caso de los seropositivos, el mismo informe observa que: “El único comportamiento responsable de un hombre seropositivo es la abstención efectiva de las relaciones sexuales, de las protegidas y de las que no lo son. [...] Si una pareja establece una relación estable, debería seguir estas recomendaciones: que cada uno se someta a análisis clínicos, repitiéndolos tres meses después, practicando en este periodo la abstinencia de toda relación sexual (con o sin condón), para poder ejercitarse en la fidelidad recíproca”. [5]
Los dignatarios, que son los autores de las consideraciones que estamos analizando, deberían tener en cuenta esta dramática conclusión que se extrae del informe que estamos citando:
“La declaración- realizada centenares de veces de los agentes sanitarios del Conseil supérieur del SIDA, y por asociaciones de lucha contra el SIDA- de la seguridad garantizada en cualquier circunstancia del uso del preservativo, es sin duda alguna, el principio de muchos contagios de los cuales todavía se niegan a buscar las causas”. [6]
Algunas campañas internacionales son realizadas en sociedades “expuestas”, inundándolas de preservativos. Se invita a las autoridades religiosas a dar su patrocinio. Pero no obstante estas campañas, y probablemente a causa de ellas, se observa regularmente una progresión de la pandemia.
En julio de 2004, una de las más eminentes autoridades mundiales del SIDA, el doctor belga Jean-Louis Lamboray, abandonó el UNAIDS (el programa de las Naciones Unidas contra el SIDA). El motivo que dio de este abandono fue “el fracaso de las políticas en la contención de esta enfermedad”. “Estas políticas han fallado porque la UNAIDS ha olvidado que las verdaderas medidas preventivas se deciden en las casas de las personas y no en las oficinas de los expertos”. [7]
Antes de emitir declaraciones perentorias, los dignatarios deberían recordar lo que otro doctor dijo; un doctor a quien los medios de comunicación dieron mucha importancia y que ciertamente no era sospechoso de simpatía hacia las posiciones de la Iglesia. Esto es lo que el difunto profesor Leon Schwartzenberg escribió en 1989:
“Son sobre todo los jóvenes los que extienden el SIDA; son completamente ignorantes de la tragedia del SIDA, que para ellos es una enfermedad que afecta a las personas ancianas. Esta convicción es reforzada por la actitud de la clase política mucho mayor que ellos, que son los responsables de esta propaganda: la publicidad oficial del preservativo parece estar creada por quien no lo usa nunca, para quien no quiere usarlo”. [8]
Los oyentes, los lectores y los espectadores de televisión, no pueden dar por buenas las consideraciones imprudentes de estos dignatarios, sin arriesgarse -como ellos- a verse acusados, antes o después, de ser “la raíz de muchos contagios”.
[La segunda parte de este artículo será publicada el próximo martes día 1 de febrero]
1) Extracto de Le terrorisme à visage humain, de Michel Schooyans y Anne-Marie Libert, segunda edición, París, F.-X. de Guibert Publisher, 2008, pp. 173-179.
2) Dr Jacques SUAUDEAU, artículo “Sexo seguro” en Lexicon, Madrid, Ed. Palabra, 2004; pp.1041-1061. La edición italiana fue publicada en Bolonia, Ed. EDB, 2003.
3) Henri LESTRADET., AIDS, Propagation and Prevention. Informe de la Commisión V11 de la National Academy of Medicine, con comentarios, París, Editions de Paris, 1996.
4) ibid, p.42.
5) ibid, p.46.
6) ibid, pp.46 e ss.
7) ACI comunicado del 6 julio de 2004.
8) Léon Schwartzenberg, Interview en La Libre Belgique (Bruselas), 13 de marzo 1989, p.2.
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*Mons. Michel Schooyans, filósofo y teólogo, es miembro de la Academia Pontificia de las ciencias sociales y de la Academia Pontificia de la vida, consultor del Consejo Pontificio de la familia y miembro de la Academia mexicana de bioética. Tras haber enseñado durante diez años en la Universidad católica de San Pablo, en Brasil, se retiró como profesor de filosofía política y ética de los problemas demográficos en la Universidad católica de Lovaina, en Bélgica. Es autor de alrededor de treinta libros.
http://www.zenit.org/rssspanish-38081
No vamos a tratar estos casos en esta ocasión. En vez de eso analizaremos las declaraciones realizadas por diversas personalidades de gran relevancia en el mundo académico y eclesiástico, sobre todo moralistas y pastores. Los llamaremos dignatarios, evitando citar nombres para no personalizar el debate y para focalizar la atención en la argumentación moral. [1]
Desorden y confusión
Ya que estas declaraciones se refieren al uso del preservativo como medio para no contraer el SIDA, a menudo producen una profunda confusión en la opinión pública y en la Iglesia. Estas declaraciones se acompañan frecuentemente de sorprendentes comentarios sobre la persona del Papa y sobre sus funciones, así como sobre la autoridad de la Iglesia. En este contexto también se producen las habituales quejas sobre la moral sexual, el celibato, la homosexualidad, la ordenación de las mujeres, la Comunión para los divorciados y los abortistas etc.. Son una ocasión para aprovechar y dar así resonancia global a estos temas.
Estos dignatarios se manifiestan, muy satisfechos, a través de los medios de comunicación social. Se declaran favorables al uso del condón para evitar el riesgo de contagio del SIDA. Según ellos la Iglesia debería cambiar su postura en este tema.
Estas declaraciones crean gran confusión en la mente de la gente. Confunden a los fieles, dividen a los sacerdotes, indisponen al episcopado, desacreditan al colegio cardenalicio, dañan al Magisterio de la Iglesia y acusan directamente al Santo Padre. Otros dignatarios, en estos momentos retirados o difuntos, condujeron en su momento este tipo de movimiento. Hoy, estas observaciones provocan a menudo la consternación, porque la gente espera mayor prudencia y rigor moral, teológico y de comportamiento de estos dignatarios que- influenciados por ideas de moda en ciertos ambientes- hacen de todo para “justificar” el uso del preservativo usando los habituales trucos del “daño menor” o del “doble efecto” como si fueran los vendedores.
Uno de estos dignatarios llegó al punto de considerar el uso del condón como una obligación moral basándose en el quinto mandamiento. En este sentido se dice que si la persona infectada por el virus se niega a practicar la abstinencia, deberá proteger a su pareja y que el único modo de hacerlo, en este caso, es a través del preservativo.
Este tipo de observaciones son suficientes para dejar a la gente perpleja y revelan un conocimiento incompleto y tendencioso de la moral más natural y en particular de la moral cristiana. El modo de presentar las cosas es cuanto menos sorprendente.
Un problema de moral natural
Algunas consideraciones tranquilizadoras pero falsas
Los argumentos de estos dignatarios, con respecto al uso del condón, son sorprendentemente superficiales. Estas personas deberían basarse en estudios científicos y clínicos serios, evitando recuperar y dar crédito a bulos que hace tiempo que fueron refutados en cualquier revista de consumidores.
¿Cómo se puede no haber constatado que el efecto de contención del condón es en realidad bastante ilusorio? Es así en cuanto a que el preservativo es mecánicamente frágil, y que anima y incrementa el número de las parejas y la variedad de las experiencias sexuales. Por estos motivos se aumentan los riegos en vez de reducirlos.
La única forma eficaz de prevención resulta ser la de la fidelidad y la de la renuncia a los comportamientos de riesgo.
Desde este punto de vista, la calificación moral del uso del preservativo es un problema de honestidad científica y de moral natural. La Iglesia no sólo tiene el derecho, sino que también tiene el deber de pronunciarse sobre este tema.
Ineficacia que tiene como consecuencia la muerte
Las declaraciones de estos dignatarios no citan recientes estudios de innegable valor científico, como el del doctor Jacques Suaudeau[2]. Si ignorasen estos recientes estudios, podrían tener en cuenta, al menos aquellos previos, emitidos por las más altas autoridades científicas. Por ejemplo en 1996, se leía en un informe del profesor Henri Lestradet, de la Academia Nacional de Medicina (París) [3]:
“Es oportuno […] subrayar que el condón está considerado como un medio de anticoncepción. Sin embargo […] la tasa de fracaso está colocada generalmente entre el 5% y el 12% por pareja, y por año de uso”.
“A priori […] con el virus de VIH que es 500 veces más pequeño que el esperma, es difícil pensar en una tasa de fracaso inferior. En todo caso hay una enorme diferencia entre estas dos situaciones. Si el condón no es totalmente eficaz como medio anticonceptivo, la consecuencia de este fracaso es el desarrollo de la vida, mientras que en el caso de contagio del VIH es la muerte en todos los casos”. [4]
Después considerando el caso de los seropositivos, el mismo informe observa que: “El único comportamiento responsable de un hombre seropositivo es la abstención efectiva de las relaciones sexuales, de las protegidas y de las que no lo son. [...] Si una pareja establece una relación estable, debería seguir estas recomendaciones: que cada uno se someta a análisis clínicos, repitiéndolos tres meses después, practicando en este periodo la abstinencia de toda relación sexual (con o sin condón), para poder ejercitarse en la fidelidad recíproca”. [5]
Los dignatarios, que son los autores de las consideraciones que estamos analizando, deberían tener en cuenta esta dramática conclusión que se extrae del informe que estamos citando:
“La declaración- realizada centenares de veces de los agentes sanitarios del Conseil supérieur del SIDA, y por asociaciones de lucha contra el SIDA- de la seguridad garantizada en cualquier circunstancia del uso del preservativo, es sin duda alguna, el principio de muchos contagios de los cuales todavía se niegan a buscar las causas”. [6]
Algunas campañas internacionales son realizadas en sociedades “expuestas”, inundándolas de preservativos. Se invita a las autoridades religiosas a dar su patrocinio. Pero no obstante estas campañas, y probablemente a causa de ellas, se observa regularmente una progresión de la pandemia.
En julio de 2004, una de las más eminentes autoridades mundiales del SIDA, el doctor belga Jean-Louis Lamboray, abandonó el UNAIDS (el programa de las Naciones Unidas contra el SIDA). El motivo que dio de este abandono fue “el fracaso de las políticas en la contención de esta enfermedad”. “Estas políticas han fallado porque la UNAIDS ha olvidado que las verdaderas medidas preventivas se deciden en las casas de las personas y no en las oficinas de los expertos”. [7]
Antes de emitir declaraciones perentorias, los dignatarios deberían recordar lo que otro doctor dijo; un doctor a quien los medios de comunicación dieron mucha importancia y que ciertamente no era sospechoso de simpatía hacia las posiciones de la Iglesia. Esto es lo que el difunto profesor Leon Schwartzenberg escribió en 1989:
“Son sobre todo los jóvenes los que extienden el SIDA; son completamente ignorantes de la tragedia del SIDA, que para ellos es una enfermedad que afecta a las personas ancianas. Esta convicción es reforzada por la actitud de la clase política mucho mayor que ellos, que son los responsables de esta propaganda: la publicidad oficial del preservativo parece estar creada por quien no lo usa nunca, para quien no quiere usarlo”. [8]
Los oyentes, los lectores y los espectadores de televisión, no pueden dar por buenas las consideraciones imprudentes de estos dignatarios, sin arriesgarse -como ellos- a verse acusados, antes o después, de ser “la raíz de muchos contagios”.
[La segunda parte de este artículo será publicada el próximo martes día 1 de febrero]
1) Extracto de Le terrorisme à visage humain, de Michel Schooyans y Anne-Marie Libert, segunda edición, París, F.-X. de Guibert Publisher, 2008, pp. 173-179.
2) Dr Jacques SUAUDEAU, artículo “Sexo seguro” en Lexicon, Madrid, Ed. Palabra, 2004; pp.1041-1061. La edición italiana fue publicada en Bolonia, Ed. EDB, 2003.
3) Henri LESTRADET., AIDS, Propagation and Prevention. Informe de la Commisión V11 de la National Academy of Medicine, con comentarios, París, Editions de Paris, 1996.
4) ibid, p.42.
5) ibid, p.46.
6) ibid, pp.46 e ss.
7) ACI comunicado del 6 julio de 2004.
8) Léon Schwartzenberg, Interview en La Libre Belgique (Bruselas), 13 de marzo 1989, p.2.
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*Mons. Michel Schooyans, filósofo y teólogo, es miembro de la Academia Pontificia de las ciencias sociales y de la Academia Pontificia de la vida, consultor del Consejo Pontificio de la familia y miembro de la Academia mexicana de bioética. Tras haber enseñado durante diez años en la Universidad católica de San Pablo, en Brasil, se retiró como profesor de filosofía política y ética de los problemas demográficos en la Universidad católica de Lovaina, en Bélgica. Es autor de alrededor de treinta libros.
http://www.zenit.org/rssspanish-38081
Francia: obispos se pronuncian contra la creación de un “bebé medicamento”
“Ese utilitarismo es indigno del hombre”, afirman
PARÍS, jueves 10 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- “Concebir un niño para ser utilizado – aunque sea para un tratamiento – no es respetuoso con su dignidad”, afirmaron diez obispo de las provincias del oeste de Francia, en un comunicado hecho público el pasado martes 8 por la Conferencia Episcopal Francesa.
Los obispos – entre ellos monseñor Pierre d'Ornellas, arzobispo de Rennes y presidente del grupo de trabajo espicopal sobre la bioética – responden así a la noticia del nacimiento del primer “bebé-medicamento” en Francia, el pasado 26 de enero.
Se trata de un niño seleccionado genéticamente entre muchos embriones y cuyas células madre recogidas del cordón umbilical al nacer deberían permitir curar un hermano mayor que padece una enfermedad genética grave.
“Querer curar a un hermano en humanidad honra al hombre”, afirman los obispos. “¡Muchas personas consagran su vida a ello! Acompañar el sufrimiento de los padres que tienen un hijo gravemente enfermo es un deber de la sociedad. Comprendemos su angustia y su esperanza en la medicina”.
“En cambio – afirman – legalizar la utilización del ser humano más vulnerable para curar es indigno del hombre. Concebir un niño para utilizarlo – aunque sea para curar – no es respetuoso con su dignidad. ¿Qué dirá el niño cuando descubra que es un 'bebé-medicamento'?”
Los obispos estiman que “semejante utilitarismo es siempre una regresión”. “Es peligroso para una sociedad no respetar el interés primordial del niño estipulado en la Convención Internacional de los Derechos del Niño”, afirman. “Animamos la investigación para que encuentre cada vez más terapias apropiadas”.
El comunicado está firmado por monseñores Pierre d'Ornellas, arzobispo de Rennes; Emmanuel Delmas, obispo de Angers; Yves Le Saux, obispo de Le Mans; Jean-Paul James, obispo de Nantes; Raymond Centène, obispo de Vannes; Thierry Scherrer, obispo de Laval; Alain Castet, obispo de Luçon; Jean-Marie Le Vert, obispo de Quimper; Denis Moutel, obispo de Saint-Brieuc, y Nicolas Souchu, obispo auxiliar de Rennes.
http://www.zenit.org/article-38219?l=spanish
PARÍS, jueves 10 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- “Concebir un niño para ser utilizado – aunque sea para un tratamiento – no es respetuoso con su dignidad”, afirmaron diez obispo de las provincias del oeste de Francia, en un comunicado hecho público el pasado martes 8 por la Conferencia Episcopal Francesa.
Los obispos – entre ellos monseñor Pierre d'Ornellas, arzobispo de Rennes y presidente del grupo de trabajo espicopal sobre la bioética – responden así a la noticia del nacimiento del primer “bebé-medicamento” en Francia, el pasado 26 de enero.
Se trata de un niño seleccionado genéticamente entre muchos embriones y cuyas células madre recogidas del cordón umbilical al nacer deberían permitir curar un hermano mayor que padece una enfermedad genética grave.
“Querer curar a un hermano en humanidad honra al hombre”, afirman los obispos. “¡Muchas personas consagran su vida a ello! Acompañar el sufrimiento de los padres que tienen un hijo gravemente enfermo es un deber de la sociedad. Comprendemos su angustia y su esperanza en la medicina”.
“En cambio – afirman – legalizar la utilización del ser humano más vulnerable para curar es indigno del hombre. Concebir un niño para utilizarlo – aunque sea para curar – no es respetuoso con su dignidad. ¿Qué dirá el niño cuando descubra que es un 'bebé-medicamento'?”
Los obispos estiman que “semejante utilitarismo es siempre una regresión”. “Es peligroso para una sociedad no respetar el interés primordial del niño estipulado en la Convención Internacional de los Derechos del Niño”, afirman. “Animamos la investigación para que encuentre cada vez más terapias apropiadas”.
El comunicado está firmado por monseñores Pierre d'Ornellas, arzobispo de Rennes; Emmanuel Delmas, obispo de Angers; Yves Le Saux, obispo de Le Mans; Jean-Paul James, obispo de Nantes; Raymond Centène, obispo de Vannes; Thierry Scherrer, obispo de Laval; Alain Castet, obispo de Luçon; Jean-Marie Le Vert, obispo de Quimper; Denis Moutel, obispo de Saint-Brieuc, y Nicolas Souchu, obispo auxiliar de Rennes.
http://www.zenit.org/article-38219?l=spanish
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